lunes, 29 de septiembre de 2008

Clemence (1)

Hacía ya unos años que todo había pasado. Todos y cada uno de los hechos que precedían a mi hospitalización fueron cruciales para comprender que nada sucede por casualidad. Si un coche te sigue duranto un rato no es coincidencia, es que te está siguiendo, está claro. Soy tan testaruda que no lo quise ver y por reírme de unos chicos que estaban fumando porros una tarde cualquiera en un banco del parque, el destino me dijo que ya estaba bien, de creerme perfecta. Eso tenía que cambiar. Hoy, en mi libertad condicional hospitalaria, me decido a cambiar mi vida de una manera un tanto brusca, pero hay decisiones que hay que tomar sin demora, porque luego, a la mínima, te arrepientes y le das de lado, lo que acaba siendo mucho peor para tí y para los que me rodean. Pero pasaré a presentarme. Me llamo Clemence Cecil y vivo en Gijón, aunque nací en Marsella. He tenido una infancia normal, aunque siempre he sido un tanto obstinada y borde y eso me llevó a saber llevar bien la soledad por momentos. Crecí en Marsella y a los quince años me vine a vivir aquí, que a pesar de que no es ni por asomo igual, tiene un parecido atractivo con mi ciudad natal. Lo demás ya vino sólo. Me junté con quien no debía y acabé saliendo con chicos inútiles que se creían perfectos unas cuantas veces. No sabéis lo divertido que fue verles la cara cuando les dejaba. Su perfección tirada a la basura por una francesa con morbo. Crucial. Así que empezaron a respetar aunque mi historial no daba mucho lugar a ello dado que era tan liberal que había estado también con chicas. Salía mucho y dormía poco, y eso aparte de mis estudios, destrozó mi vida diaria, mis horarios y mi alimentación, llegando a estar tan delgada que mis padres creían que estaba enferma. En mi reclusión aprendí cosas como que el techo no es nada atractivo cuando todo da vueltas y que la tele en general, apesta. Tampoco pude sacar más conclusiones porque el resto del tiempo me lo pasaba hablando por teléfono o discutiendo con mi madre. Cuando ya gané un peso más o menos normal, mi vida loca volvió, pero parecía que me había acomodado y ya no me gustaba tanto salir. Sin embargo, ese día me la jugué de triple y gané el partido, aunque quizá ganar no fuera precisamente lo que hice. Me levanté motivada por el sol, que pude adivinar entre las rendijas de mi persiana, y el calor que entraba por la ventana abierta. En pleno verano y yo durmiendo en pijama. Siempre me gustó llevar la contraria, soy así. Desayuné como un día normal de vacaciones, un café y un par de tostadas con mantequilla mientras veía los dibujos de un canal de televisión por cable. La tele será un asco pero al menos los dibujos nos evaden de ella.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Expuesto a nada

Empezaría describiendo cualquier cosa que me resultara atractiva, pero sé que no es el momento. Todos nos proponemos realizar algún cambio que al final sólo queda en imaginación, pero no me atrevo a citarlos todos. Estoy pendiente de un reloj que no transporta el tiempo, si no los momentos que vivo a cada instante, los detalles que me hacen sonreír, estar atento. Si mirar al cielo suena utópico, pisar el suelo aún suena más, pero quizá es lo que prefieran los realistas. Busco la inspiración en los detalles más absurdos, en las esquinas más recónditas, en los lares donde nadie quiso estar nunca. Es ese miedo a la soledad ¿Verdad? No hay nada mejor que perder el miedo a nada, puesto que alguien que esté solo.. querrá estar con gente, y alguien que esté con mucha gente, siempre rodeado de gente, querrá estar sólo. No digo nada nuevo, pero es verdad. Buscamos nuestra felicidad en todo aquello que no tenemos. Somos inconformes por naturaleza. Aunque mirar al cielo y soñar nunca está de más, a pesar de que algunos sueñen demasiado. Así que yo lo hago…

No hay ningún problema en que me entregues tus ojos para ver dentro de mi. Pero sólo durante una noche. Lo demás lo emplearemos en mirarnos fijamente y decirnos palabras sordas, que suenen a caricias que imprimen tu nombre en cada rincón del planeta. Buscaría tu número en cualquier bolsillo de mi chaqueta, pero sé que lo perdí en una apuesta tonta para no perder mi orgullo. Me limitaré a volver a verte en cualquier pasillo del entresuelo en que te conocí. Así tal vez consiga saber tu nombre y llamarte cuando me acuerde de ti. Qué lástima, dejé mi cámara encima de la mesita de noche después de entretenerme viendo las fotos de cualquier persona que no fuese yo. Y por casualidad encontré la tuya, perdida entre otras tantas que no tenían ningún sentido. Me quedé mirándote durante lo que para mi fue una eternidad, esperando verte decirme algo. Pero no pasó nada, estaba claro. Así que hoy te escribo a ti, que no sé quién eres ni dónde estás, pero sé que algún día conseguirás decir mi nombre. Yo te invitaré a nuestro primer café.

Una pequeña queja

Me gustaría muchísimo que los señores de Blogger dejaran de marearme, que ya me he hecho con esta 3 cuentas y las otras dos, a pesar de poder acceder al blog perfectamente, cuando intento acceder como usuario resulta que el usuario no existe. A ver si nos ponemos un poco de acuerdo que me estoy cansando de perder escritos y tiempo...