lunes, 20 de julio de 2009

Libertad

Trataba de caminar todo lo rápido que podía para no quedarse atrás. Veía a su pereza y su angustia caminando por delante mientras trataba, también, de que alegría y bondad los alcanzasen, yendo ya varios pasos por detrás suyo, influenciados por sus propios problemas. Así que se paró en seco y gritó hasta quedarse sin aire. Sola, en medio de la calle, la gente se le quedó mirando extrañada, con una mezcla de susto y sorpresa. Demasiados escaparates para tanta transparencia. Se dijo a sí misma que no podía volver a hacerlo. Bastantes preocupaciones tenía ya como para tener que estar atenta a cuando soñaba demasiado despierta. Agarró sus pies con fuerza, como si no existiera nada más, y se obligó a caminar con rapidez hasta la primera cafetería que encontrase abierta. Valía más olvidar todo.

Ya en el café, inmersa en un libro que acababa de empezar a leer, sintió la presencia de alguien conocido para ella. Sabía que le conocía, pero no alcanzaba a adivinar quién era ni dónde se encontraba. Miró en el parque de enfrente, atravesando con la mirada el cristal de la cafetería, pero no encontró a nadie. Tampoco en la cafetería, ni a su lado, ni detrás. Se dijo que era una sensación, simplemente, y volvió la mirada a su libro de nuevo.

De repente todo se tornó oscuro. Sintió, sin más, unas cálidas manos sobre sus ojos, aparentemente amables, y su sensación afloró otra vez.

-"Hola" - Dijo una voz femenina, cálida y amable como sus manos.

- "¿Quién eres?" - Dijo ella.

- "Adivina" - Respondió la desconocida.

- "¿Ahinara?" -

- "No, no sé quién es Ahinara" - Aseguro la mujer.

- "¿Eva?"

- "Caliente" - Volvió a decir.

- "Sigo sin saber quién eres, dímelo por favor" Dijo ella con intriga.

- "Date la vuelta".

Y con lentitud las manos le dejaron ver y lentamente se fue dando la vuelta para identificar a la persona que le había tapado los ojos. Pero ya no había nadie. Miró a todos lados, sin saber qué hacer ni qué decir. De repente se sentía sola frente a la esperanza de haber encontrado a alguien que la conocía y podía escucharla. Cuando dejó por imposible encontrar a quien le había hablado, giró su cabeza de nuevo al libro y... vio una nota. Había una nota encima del libro, doblada apresuradamente y con letra caligráfica. La abrió:

"A veces para ser feliz, sólo tienes que intentar cumplir tus sueños

y no dejar que los demás influyan en tus decisiones.

Si quieres saber quién soy, ven a este mismo café mañana a las

9:00 a.m."

Sorprendida, miró alrededor de nuevo, con esperanzas renovadas de encontrarla, pero obtuvo el mismo resultado. Dejó el dinero del café en la mesa, cerró el libro y salió del café pensando en ello, sin darse cuenta de que alguien la seguía observando mientras salía.

De camino a casa, pasó por la pastelería para coger el pan y algunos pasteles para su madre. No podía dejar de pensar en la tan familiar desconocida y en por qué tenía tanto interés en mantenerse en secreto y, sin embargo, quería hablar con ella. Se paró en seco. Sus ojos no daban crédito a lo que estaban viendo. En un segundo toda la gente había desaparecido y se encontró enfrente de alguien que la estaba mirando fijamente, como escrutando sus ojos, adivinando sus intenciones, a pesar de carecer de ellas. Ella, hizo una mueca de extrañeza y la desconocida se convirtió en su propio reflejo, imitando cada movimiento que hacía...

"¡ELENA! ¡ELENA!"

Alguien la despertó de su letargo. De nuevo soñaba despierta y su madre era la que la estaba llamando. Su cara aún conservaba la mueca que le provoco la extraña mujer, y su madre, con cara de preocupación, la zarandeaba para despertarla.

"Estoy bien, mamá" - Dijo Elena

"¿Qué te pasa? ¿Qué te han hecho?" - preguntó su madre

"Nada, simplemente soñaba despierta, me pasa muy a menudo, ya lo sabes"

Y caminaron hacia casa.

A pesar de que por la tarde tenía que trabajar y se mantuvo ocupada en la tienda de ropa en la que trabajaba, no pudo dejar de pensar en el encuentro de esa misma mañana. Y sin apartar su pensamiento de la cita de la mañana siguiente, trató de conciliar el sueño leyendo aquella misteriosa nota...

"¡NO PUEDE SER!" - gritó de repente"

Los siguientes días no pudo dejar de darle vueltas a lo que le había dicho la mujer y al hecho de que ni tan siquiera le hubiera dicho su nombre ni le hubiera dejado una nota para quedar. Ella no sabía dónde encontrarla, y en caso de poder, tampoco la conocía. ¿Podría delatarla su reacción cuando la viera? Era una sensación extraña, como de añoranza e impaciencia. Por una parte sabía que volvería a aparecer, pero por otra tenía miedo a no volver a hablar con ella. Pero... ¿Cómo podía echar de menos a alguien que ni tan siquiera conocía? O al menos eso es lo que ella creía.
Pasaron semanas sin rastro de la mujer por ningún lado, a pesar de que ella seguía yendo todos los días, a la misma hora, al café en el que se encontraron en dos ocasiones. El 10 de diciembre fue cuando se dio por vencida y se acostó en el sofá, para cerrar los ojos y tratar de recordar a alguien con aquella voz y su sedoso tacto, con nombre de utopía. Elena seguía extrañada, aún así, con el hecho de que le fuese familiar tanto el tacto como la voz. Y volvió a soñar. Todo lo que le atormentaba se había disipado como por arte de magia cuando todo esto había sucedido. Ya no se angustiaba ni lloraba por las esquinas en un momento de soledad desesperante. Ya no se evadía tan fácilmente, así que esos sueños tan extraños ahora sólo la abordaban muy de vez en cuando y cada vez durante menos tiempo. Ahora, se veía ante cientos de árboles que parecían estar colgados del techo, mientras que todo lo de alrededor estaba oscuro y no podía ver más que las hojas de los mismos. No era ni de día ni de noche, pero tampoco existía un techo. Simplemente el lugar estaba gobernado por la oscuridad. En un segundo todo se iluminó y se dio cuenta de que estaba de pie, mirándolo todo como colgada del cielo, subida en una nube. El viento broto, y su silbido le hizo cerrar los ojos. Ahora volaba sobre el mar con los brazos en cruz y se atrevió a gritar como nunca lo había hecho antes:

-"¡¡¡¡LIBERTAD!!!!" "¡¡¡¡LIBERTAD!!!!"

Casi se quedaba sin aire...

-"¡¡¡¡¡¡¡¡LIBERTAD!!!!!!!!!!!"

Volvió a gritar pero no salió nada. En un segundo se vió en su salón, tumbada en el sofá y un olor a sopa de verduras le vino a decir que su madre estaba haciendo la cena. Eran ya las 9, lo que quería decir que llevaba durmiendo ya 2 largas horas. Sin embargo, había algo en el sueño que no le encajaba. ¿Por qué había gritado Libertad?...Los siguientes días no pudo dejar de darle vueltas a lo que le había dicho la mujer y al hecho de que ni tan siquiera le hubiera dicho su nombre ni le hubiera dejado una nota para quedar. Ella no sabía dónde encontrarla, y en caso de poder, tampoco la conocía. ¿Podría delatarla su reacción cuando la viera? Era una sensación extraña, como de añoranza e impaciencia. Por una parte sabía que volvería a aparecer, pero por otra tenía miedo a no volver a hablar con ella. Pero... ¿Cómo podía echar de menos a alguien que ni tan siquiera conocía? O al menos eso es lo que ella creía.

Los siguientes días no pudo dejar de darle vueltas a lo que le había dicho la mujer y al hecho de que ni tan siquiera le hubiera dicho su nombre ni le hubiera dejado una nota para quedar. Ella no sabía dónde encontrarla, y en caso de poder, tampoco la conocía. ¿Podría delatarla su reacción cuando la viera? Era una sensación extraña, como de añoranza e impaciencia. Por una parte sabía que volvería a aparecer, pero por otra tenía miedo a no volver a hablar con ella. Pero... ¿Cómo podía echar de menos a alguien que ni tan siquiera conocía? O al menos eso es lo que ella creía.