miércoles, 19 de marzo de 2014

Mentiras

Es inevitable. Debiste creerte tus mentiras desde que, delante de aquel espejo, te juraste que nunca más te harían daño. Pero el tiempo ha jugado en tu contra y, en vez de luchar por ser mejor, te has vuelto como el resto. Prefieres dejar que tu confusión acople a tu vida las cosas que, a tu juicio, hacen mal los demás en vez de tú misma. 


Debiste dejarte caer, 
Sin duda a mil palmos del suelo
Convencida y perdida


Los demás no lo entienden
Tú eres la diosa
Verdad y mentira



Asumes tu papel como víctima
Sudando palabras sin más
El pelo enlazado en tus manos
Ojos perdidos y esgrima


Rojo del llanto
Tu alma te miente tanto
Creyendo que nunca haces mal
porque ese fue el trato


Todo el dolor se ahogó
En los vasos de un cruel desaliento
El ego dio paso al color
Las personas se van
Perdidas en medio del cuento


Y por encima del hombro
miras a quienes intentan
Servir de consuelo
Gritando que tal deshonor
Es culpa del resto


Es culpa del resto.

jueves, 13 de marzo de 2014

El final del camino




Te miraba sentado, al final del camino. Pensé que quizá si no te hablaba, el destino se encargaría de darme lo que estaba buscando. Me empeñé en buscarte en los bancos donde dormía, pero ni allí se cumplieron mis sueños ni tú querías quedarte. 



Existe una canción final para todos los momentos. A veces triste y a veces resignada, como una vida loca ceñida junto a las pastillas de una locura algo más que transitoria. En la mesita siempre escribías las notas que marcarían mis días, notas sin dolor ni amarguras, livianas, como intentando volar para siempre. 



El tiempo ha pasado, no sin recordarme que mis palabras ya no sirven. Por eso me obceco en escribirlas, para que, aunque el tiempo y tú las olvidéis, al menos en algún momento se puedan recuperar de una tragedia. Aunque ya no sé cuántas tragedias o penurias han querido abrirme sus puertas.




Reduzco a cenizas el mal, batiendo mis alas. Esta tristeza ya no quiere ser mi amiga, por mucho que busquemos la edad o los segundos que duran los llantos. Aquí donde estoy, la niebla es espesa, por eso lo vemos todo más claro cuando se trata de rectificar. Aquí donde vivo la temperatura es más baja, las lágrimas más sinceras, las verdades más ciertas y las palabras adornos para una vida, testigos de los sentimientos que alguna vez quisieron ser libres.


Pero sé que no todo es como esperaba y aquí sigo, mirando al horizonte, sin ver nada más que el azul que se enlaza al final del camino. Susurro, además, que quiero salirme del mismo, esconderme en el bosque esperando un mundo mejor. Y todo porque no has vuelto. Te has quedado tu rutina al principio del fuego, con semillas plantadas en el alma, corriendo desesperadas por verse crecer algún día, probando la miel de lo que un día fueron tus besos.




¿Qué más pueden dar las palabras?¿Qué más me puede quitar este agrio sabor?




¿Cuántos años construirán cada error?


Pero este mar me envuelve. Ojalá que me lleve.