lunes, 6 de marzo de 2017

Vivir sin Facebook

Nunca quise escribir el dolor en las nubes, pero no quedaba más remedio. Me rodeé de gente que nunca me quiso, porque todos sabemos que nadie es más importante que uno mismo. Constantemente. Tomé la decisión de blindarme y cegarme ante la evidencia. De obviar los malos detalles de los demás para vivir feliz.

Se me hace eterno. Saber que la felicidad depende de otras personas, porque por desgracia nos toca encerrarnos en la libertad de otros para no ofender, para no castigar, para no prejuzgar y mantener las formas. Nos toca callarnos lo que pensamos por no herir o, a veces directamente, que no interpreten mal nuestras palabras. En una época en la que se manipula más que se habla, en la que los porcentajes inventados consolidan cifras metafóricas de un mal que no deja de surgir. 
 
Vivimos vigilados por la osadía. Vivimos potenciando el malestar queriendo lo que no podemos tener, perdiendo lo poco que tenemos para tener lo que sale en la televisión, lo que sale en las películas, en las series. Lo que ves por la ventana. No nos sentimos adictos al Facebook, es que sin Facebook no sabemos vivir, porque contamos los amigos en nuestro Time-Line en vez de en el bar, o en el parque o en el trabajo. No, yo no quiero aceptar tu amistad, yo quiero ser tu amigo. Y no quiero seguirte, quiero que caminemos juntos. Que las fotos que nos hacemos las guardemos en álbumes sin etiquetarnos, sin que nos importe si le dan like o lo compartan. No quiero que sepan dónde estoy, aunque tampoco les sea relevante. 

Me niego a aceptar la derrota. Me niego a aceptar que ya nunca podré volver a ser lo que era. No quiero compartir mi ubicación con ordenadores que quieren robarme. No quiero ser un número, un cliente, un objetivo o una estadística para que otros se lucren de mis estados cuando pongo "mierda de lunes".

No compartas esto, léelo y cuéntaselo a alguien. Queda con él para tomar un café y dile que tengo algo que contarle. Imprímelo, pégalo en las paredes de tu calle. Mira a los ojos de la gente y diles que estás harto de conocerles.

martes, 27 de septiembre de 2016

Paso

Paso de ser poeta
Si es que alguna vez lo fui. 

Paso de ser poeta
Si tengo que hacer lo que hacéis. 

Paso de ser poeta
Si tengo que escribir versos fáciles
Pareados para imbéciles
O rimas que no riman
Evidentes, obvias y falsas. 

Paso de ser poeta
Si tengo que venderme a lo inmaduro
Por la curiosa ilusión 
De pensar
Que puedo comer mejor
Si te tatúas un verso absurdo. 

Mejor que no sea mío. 

Paso de ser poeta
Si ello implica que mi ego
Sea mejor que la letra
Con la que escribo (o lo intento). 

Paso de ser condescendiente 
Creído, ególatra y un completo 
Hipócrita. 

Paso de ser poeta. 
O de creer que lo soy. 
Para eso ya vendéis lo fácil
Y hacéis creer que, el arte
Es el whatsapp cuando estás borracho. 


Encuadernado.  

Maldíceme

Y al final
Descubrí que era mi culpa.
Tantos sueños que borrar
Y ninguna locura.
Es fácil sentir que
Todo está bien
Cuando sólo te permites
Verte
A través de un espejo
Opaco
Con marcas de uñas y dientes.
Maldíceme
Que ya no soy
Ni me hago viejo.
Escucho el crepitar
De tus pasos
Abriendo el candado
De todo lo que quieren tocar.
Nada me molesta al verme
Embutido en vanidad
Como si fuese cualquiera
Con afán de brillar
A costa de ignorar
Su inteligencia.
Sé que es un desorden
Todo empieza confuso
A veces, claro
Pero no cuando hablo de llagas
Cuando digo que me duelo mucho.

martes, 21 de julio de 2015

Déjame gritar tu nombre (2007)

Desde el profundo grito del cristal que no refleja
Junto al espejo que lamenta ver la vieja espera eterna
Analizo versos lentos y confusos ante esta chimenea
Acostumbrado a dormir en recuerdos, como mis metas

Y la verdad que es algo incómodo
Ver que cada día va peor y me hago el sordo

Aporto poco porque lo poco que aporto aparca pronto
Y así a lo loco todo acaba al fondo y con poco valor.

Nunca escribí para arrepentirme de escribir lo escrito
Aunque evidente fue la causa en su momento. Repito:
Nunca escribí para arrepentirme de decir lo dicho
Pero hay veces que vale más callar a ahogar un grito.

Porque decepciones no escriben con la almohada
Porque razones no las dan las hostias en la cara
Y nunca aprenden, La verdad ya no duele nada
Para el alba ya no existe ni sueño ni maldad
si está encerrada.

Asumir tus actos es aceptarse a uno mismo
Descubrirás que cortar tus venas no arregla egoísmos

Signos de aparcar el alma en gritos
Si vas a traicionar espera y volverá infinito.

Soy el finito extintor de la verdad mediática
Nací con poemas agarrados al bolsillo en mis lágrimas
Que saben más de besos que los besos más correctos
Mi sentimiento es tan extenso que no alcanzo a verlo.


viernes, 6 de febrero de 2015

Soluciones

Arrancarme los estores de los ojos
Confiarme la locura con cristales
Recortarme los antojos con retales
Que me tapen el dolor
Y cocino tus palabras sin sentido
Que ahora duelen como un aguijón
Clavadas duro contra el viento
Y el abismo castigado en un rincón
Abrazas el colchón de punta en blanco
Esgrimiendo un beso traidor
Que al rato se cansa en mi pecho
Lanzándome al duro hormigón
Regálame el sabor de tu perfume
Afilando mis uñas de alquitrán
Que se nublan y quejan si supe
Que al final no hay arreglo
Para tanto que olvidar

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Lejos


Vete. Vete lejos. Lo más lejos que puedas. Vete allí donde las cosas dejen de hacer daño, donde el tiempo pase más rápido y los sentimientos fluyan despacio. Corrige tu sonrisa, vacía el resentimiento y el rencor, anúnciale a tu vida un cambio. Cierra los ojos siempre que puedas, mírate por dentro y quiérete, a tí mismo, a nadie más. Júzgate por lo que no has hecho y no por lo que hiciste mal. Cúrate de espantos y atropellos, conviértete en tu yo más bueno, en los sollozos del que llora por dentro, en las sonrisas más sinceras. Quiérete. Quiérete como si el cielo fuese del azul del que estás hecho, turquesa, color blanco y gris de las nubes, naranja del atardecer. Póntelo fácil, siéntete libre, no finjas, líbrate del pudor y la apariencia. Escríbete cada mañana lo que vales, con pintalabios en el espejo, con el vaho del rocío en el coche, con los bostezos para despertar. Demuestra a los demás lo que valen, lo que significan para tí, lo que significas para ellos, lo que significas para tí. Enamórate como si fuese la primera y la última vez, ama con todas tus fuerzas, sé la más feliz de las personas y ofrece tu felicidad. Juega como un niño, llora como un bebé, rebélate como un anciano. Durante todo el año...

Desházte de mí, de mis errores, de mis fallos, de mis palabras, de todo aquello que no he sido. Desházte de lo que no he conseguido, del dolor y el daño que he podido hacerte, del miedo, de todo lo que siempre quise decirte. Desházte de mi mirada, de mis caricias, de mi locura. Aléjate de lo que voy a ser y recuerda para siempre lo que he sido. Vete lejos, allí donde las cosas dejen de hacer daño, donde todo lo que fuimos quede en el pasado y el tiempo determine lo que somos, sin más traición que la que olvidamos. Y en la distancia, si de verdad todo va bien, quiéreme como no pude hacerlo, lucha por lo que te haga feliz, sonríe por todo lo que alguna vez fui. Pero no me olvides porque yo seguiré aquí, esperándote, creyéndome frágil aunque cada vez más fuerte. Y por si no vuelves a leerme, esto estará aquí siempre.

Aunque ya esté lejos... 

lunes, 3 de noviembre de 2014

1ª Parte. Capítulo 1


Un día como cualquier otro. O eso creía él. Daba gusto ver cómo había cambiado la ciudad en tan pocos meses, los mismos que llevaba Eithan viviendo allí. Olía a café y tostadas, el desayuno perfecto para la mañana fría y lluviosa que acompañaba a la perfección su ánimo. No eran más que las 8, pero parecían las 5 de un domingo de fiesta; calles silenciosas, olor a hierba mojada, y esa ausencia total del martillo neumático que se empeñaba en despertarle antes de tiempo todas las mañanas. Llegaba a ser preocupante. A pesar de todo, Eithan no le dio importancia a todo esto, dado que era de esas personas que sin café ni ducha eran totalmente un zombie tratando de sobrevivir al sueño. Con los ojos casi cerrados, trató de echarse el café, ataviado ya con un guante para no quemarse, porque si había algo que definía a Eithan era su enorme torpeza, y más cuando parecía que seguía en la cama a pesar de estar levantado. Hubo éxito y ese día logró no quemarse, ni tan siquiera derramar una gota, así que eso ya le dibujó una sonrisa de oreja a oreja, untando también con torpeza las tostadas con esa mermelada que le traía su madre todas las semanas y de las que aún no había gastado ni un tarro completo. De moras, por supuesto.

Walter, un pastor alemán bastante escuchimizado, le vigilaba desde el quicio de la puerta, esperando con atención el momento en que, a su amo, se le cayera cualquier resto de comida que pudiera ser devorada, a ser posible, antes de que tocara el suelo. Ellos se llevaban muy bien, con una vida planificada al límite, con los horarios marcados e inamovibles y una rutina que rozaba el absurdo. No había tiempo para nada más. 
Eithan era un conocido arquitecto de Massachusetts, famoso por sus extravagantes y extrovertidos edificios, adoradores de formas imposibles pero de una belleza incomparable. Ese año, hacía unos meses, Architecture of Life le había otorgado su portada a uno de los proyectos de mayor envergadura de su carrera, lo que le había catapultado, sin duda alguna, al "estrellato" en su campo. Pero no todo era trabajo. Eithan vivía en Boston, en un pequeño apartamento con vistas al Boston Common, uno de los relajantes y tranquilos parques de la ciudad, lleno de niños y perros todo el día, gente haciendo "running" y fotos por doquier, ensimismados con el móvil, chocando con otras personas que también hablaban por el móvil y bicicletas derrapando por no atropellarles. Todo un despliegue de tranquilidad, sin duda.

Aquella mañana se había levantado pronto. A las 10 tenía una reunión importante con el cuerpo ejecutivo de uno de los mayores bancos de la ciudad. Debía entregar los planos de su propuesta para un rascacielos que albergara la mayor parte de la compañía, además de salas de reuniones, gimnasio y todo tipo de comodidades para que los trabajadores no perdieran ni un sólo segundo de su jornada. Y parecía contento. Ya no sólo por el hecho de que una corporación tan importante como Wayne & Will se hubiesen fijado en él, si no porque ese proyecto le había tenido ocupado los últimos 3 meses. Sólo por esa razón, su ánimo parecía haberse afincado en el lado positivo, por lo menos para variar un poco.

Ya con Walter en el parque, parecía ensimismado con la idea de visitar el edificio terminado, sus enormes ventanas que, en su cabeza, rozarían el infinito y le otorgarían un aire más moderno y sosegado a la ciudad. A pesar de todo, aún no podía creérselo y seguía subido en una nube de la que más le valía despertarse si quería que la reunión saliese bien. Nube de la que no tardaría en bajarle Walter, porque de repente, su correa se tensó hasta tal punto que le tiró al suelo, arrastrándole medio metro hasta que pudo darse cuenta y pararle. ¿Qué habría visto el dichoso perro para tirar de esa manera? Sólo se le ocurría que pudiese ser alguna perrita en celo que le volviera loco, pero nada más allá de la realidad. El parque estaba casi desierto, sólo un par de viejos sentados en los bancos viendo la vida pasar, pero estaban detrás de él, y tampoco había ningún otro animal que pudiera llamarle tanto la atención como para que se alterara de esa manera. Sin darle mayor importancia, recriminó al perro el descuido y volvió a casa para ducharse y prepararse para la reunión. Todo parecía que iba a salir perfecto.