miércoles, 1 de octubre de 2008

Clemence (2)

"Desayuné como un día normal de vacaciones, un café y un par de tostadas con mantequilla mientras veía los dibujos de un canal de televisión por cable. La tele será un asco pero al menos los dibujos nos evaden de ella. Así que, después de tararear durante un rato la musiquilla de los dibujos en cuestión me decidí a ducharme y a vestirme, con el estómago previa y debidamente lleno, por supuesto. Mi ánimo tampoco acompañaba aquel día, pero al menos el sol hacía que todo se hiciese algo más liviano, y eso, quieras que no, ayudaba. Iba caminando hacia el trabajo, que por si no os lo he contado, era en una cafetería del centro bastante conocida, “La Rosa Pálida”, una mezcla de “lounge” y café típico para desayunar cualquier día de la semana. Vestida con mi ropa cualquiera de ir a trabajar, notaba cómo las miradas de los hombres (y de algunas mujeres) se centraban en mi culo y muy poco en mi cara, como ya es habitual. Lejos de que me molestara y teniendo en cuenta que aún me quedaban 20 minutos para llegar al bar, pensé que era mejor obviar tonterías a esas horas de la mañana. Ya allí, vi que el ambiente no estaba acorde con el día y preferí observar antes de abrir la boca. Había unos clientes sentados en la mesa del fondo riéndose, y una pareja en la mesa más cercana a la puerta. Pero si eso era lo normal fuera,exceptuando que había mucha menos gente de lo habitual, detrás de la barra había algo que no olía bien. Estaba todo muy sucio, anormalmente sucio. Los vasos tirados de cualquier manera, el fregadero lleno de platos y toda la barra estaba vacía de pinchos. ¿Qué pasaba?. Miré hacia la cocina y estaban tanto Sonia como Helena discutiendo entre ellas lo que parecía algo vital para vivir por el modo en que lo estaban haciendo, a pesar de que parecían estar susurrándose al oído. Me acerqué para saber qué sucedía y ambas se me quedaron mirando. Como debía ser pregunté qué pasaba, pero no obtuve respuesta. Ambas se limitaron a coger sus bandejas y mientras Sonia limpiaba las mesas y Helena recogía la barra. Qué extraño. Era como si de repente se les hubieran pasado ideas extrañas por la cabeza acerca de mi. Y vale que a veces era una prenda, pero con ellas no me había portado mal nunca.

Después de pasar casi mi jornada laboral, y salvándome que una hora después de llegar ya había vuelto todo a la normalidad excepto que Sonia y Helena seguían sin hablarme. Pude pasar sin hablar con ellas porque, la verdad, sólo eran mis compañeras, aunque bien es cierto que la situación me incomodaba bastante.

Cuando ya estábamos cerrando y Helena se había ido, me decidí a hablar con Sonia de la que estaba colocando los taburetes y limpiando el suelo.

-“Sonia ¿Qué es lo que os pasa a Helena y a ti conmigo? “- le pregunté un poco entrecortada


-“¿A mi? Nada de nada ¿ Por qué?” - Dijo con un tono cortante que partiría en dos hasta una piedra -


-“Pues por tu tono no lo parece. Esta mañana si pudieras haberme matado, sólo con tu mirada te hubiera sobrado” - Conseguí envalentonarme


-“Claro, la niña tiene derecho a hablar de todo pero el resto no tiene derecho a enfadarse por sus tonterías y chiquilladas”


-“¿Cómo? ¿De qué me estás hablando?” - Me sorprendí, era algo que no alcanzaba a comprender, dado el enfado que veía reflejado en su cara.


-“Ahora házte la tonta. Pues que sepas que lo sé todo. Sé que vas hablándole mal de nosotras a tus amigos y que con tu novio no haces más que reirte de nosotras”


-“¿Qué novio? Si no yo tengo novio y a mis amigos ni tan siquiera les hablo de vosotras, no te creas tan importante. Lo más que he llegado a contarles son anécdotas del trabajo, en las que estáis incluidas porque trabajáis conmigo. Única y exclusivamente” - Estaba empezando a enfadarme


-“¿Ah si? ¡Entonces explícame cómo sabía el chico que me había dejado mi novio y que llevaba una semana salida como una perra! Por dios Clemence, si hasta sabía lo del día que estábamos hablando tú y yo en la cocina de mi posible embarazo ¡Es imposible que nadie lo oyese!”


Me sorprendió tanto aquella reacción y lo que me estaba diciendo, que la verdad que me quedé con la mirada perdida en sus ojos. No me podía creer lo que me estaba contando. Yo nunca le había contado a nadie esa anécdota y mucho menos de aquella manera. Estaba claro que alguien quería meter cizaña entre nosotras o quería complicarme la vida fuera de la manera que fuera."

-“Ehm.. bueno, teniendo en cuenta que yo nunca he hablado con nadie de eso, tendrías que tener en cuenta que alguien lo pudo escuchar desde fuera, cualquier cliente curioso que se acercó a la cocina sólo para escuchar qué estábamos haciendo ¿Qué me dices de Helena? ¿De ella también he andado contando sus intimidades a mis “amigos”?” - Le dije en tono irónico recalcando esto último.


-“Lo de Helena quizá sea menos grave. El chico que habló con nosotras esta mañana nos contó que le hablabas al jefe de lo mala que era trabajando. De lo torpe que era con la bandeja y de que no merecía la pena que siguiera trabajando porque entorpecía tu trabajo y eso te incomodaba. Es menos grave pero no es aceptable de ninguna manera” - Me dijo Sonia un poco más calmada pero con tono aún cortante


-“Te aseguro que no le he ido contando ninguna de esas tonterías a nadie. Sólo tienes que fijarte en que te dijo que se lo iba contando a mi novio y ni tan siquiera tengo” - Le dije para calmarla.


-“Por supueeeesto ¿Y quién era el chico con el que fuiste a cenar ayer a “La ensenada”? - Golpe bajo


-“¿Qué? Ese no es mi novio, y mucho menos alguien a quien contarle nada. ¿Cómo demonios sabes tú eso?” - Estaba demasiado sorprendida como para contestar en un tono calmado


-“Tu “hombre” nos lo contó esta mañana. Para no conocerlo sabe bastantes cosas sobre ti ¿no es cierto?”


-“Sonia, te juro que eso no se lo he contado a nadie y estoy empezando a preocuparme. Tienes que decirme quién era el chico de esta mañana por favor... por favor...” -


Pero se me acababa el aire y me costaba respirar. De repente me mareé y empecé a caer al suelo oyendo a Sonia gritarme mientras trataba de evitar que me cayese. Pero no recuerdo nada más...

Lo siguiente que recuerdo es un sofá muy confortable y voces hablando muy calmadas, intentando no desvelarme de mi sueño repentino..."


FIN DEL CAPITULO 1


H.Morales 2008

lunes, 29 de septiembre de 2008

Clemence (1)

Hacía ya unos años que todo había pasado. Todos y cada uno de los hechos que precedían a mi hospitalización fueron cruciales para comprender que nada sucede por casualidad. Si un coche te sigue duranto un rato no es coincidencia, es que te está siguiendo, está claro. Soy tan testaruda que no lo quise ver y por reírme de unos chicos que estaban fumando porros una tarde cualquiera en un banco del parque, el destino me dijo que ya estaba bien, de creerme perfecta. Eso tenía que cambiar. Hoy, en mi libertad condicional hospitalaria, me decido a cambiar mi vida de una manera un tanto brusca, pero hay decisiones que hay que tomar sin demora, porque luego, a la mínima, te arrepientes y le das de lado, lo que acaba siendo mucho peor para tí y para los que me rodean. Pero pasaré a presentarme. Me llamo Clemence Cecil y vivo en Gijón, aunque nací en Marsella. He tenido una infancia normal, aunque siempre he sido un tanto obstinada y borde y eso me llevó a saber llevar bien la soledad por momentos. Crecí en Marsella y a los quince años me vine a vivir aquí, que a pesar de que no es ni por asomo igual, tiene un parecido atractivo con mi ciudad natal. Lo demás ya vino sólo. Me junté con quien no debía y acabé saliendo con chicos inútiles que se creían perfectos unas cuantas veces. No sabéis lo divertido que fue verles la cara cuando les dejaba. Su perfección tirada a la basura por una francesa con morbo. Crucial. Así que empezaron a respetar aunque mi historial no daba mucho lugar a ello dado que era tan liberal que había estado también con chicas. Salía mucho y dormía poco, y eso aparte de mis estudios, destrozó mi vida diaria, mis horarios y mi alimentación, llegando a estar tan delgada que mis padres creían que estaba enferma. En mi reclusión aprendí cosas como que el techo no es nada atractivo cuando todo da vueltas y que la tele en general, apesta. Tampoco pude sacar más conclusiones porque el resto del tiempo me lo pasaba hablando por teléfono o discutiendo con mi madre. Cuando ya gané un peso más o menos normal, mi vida loca volvió, pero parecía que me había acomodado y ya no me gustaba tanto salir. Sin embargo, ese día me la jugué de triple y gané el partido, aunque quizá ganar no fuera precisamente lo que hice. Me levanté motivada por el sol, que pude adivinar entre las rendijas de mi persiana, y el calor que entraba por la ventana abierta. En pleno verano y yo durmiendo en pijama. Siempre me gustó llevar la contraria, soy así. Desayuné como un día normal de vacaciones, un café y un par de tostadas con mantequilla mientras veía los dibujos de un canal de televisión por cable. La tele será un asco pero al menos los dibujos nos evaden de ella.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Expuesto a nada

Empezaría describiendo cualquier cosa que me resultara atractiva, pero sé que no es el momento. Todos nos proponemos realizar algún cambio que al final sólo queda en imaginación, pero no me atrevo a citarlos todos. Estoy pendiente de un reloj que no transporta el tiempo, si no los momentos que vivo a cada instante, los detalles que me hacen sonreír, estar atento. Si mirar al cielo suena utópico, pisar el suelo aún suena más, pero quizá es lo que prefieran los realistas. Busco la inspiración en los detalles más absurdos, en las esquinas más recónditas, en los lares donde nadie quiso estar nunca. Es ese miedo a la soledad ¿Verdad? No hay nada mejor que perder el miedo a nada, puesto que alguien que esté solo.. querrá estar con gente, y alguien que esté con mucha gente, siempre rodeado de gente, querrá estar sólo. No digo nada nuevo, pero es verdad. Buscamos nuestra felicidad en todo aquello que no tenemos. Somos inconformes por naturaleza. Aunque mirar al cielo y soñar nunca está de más, a pesar de que algunos sueñen demasiado. Así que yo lo hago…

No hay ningún problema en que me entregues tus ojos para ver dentro de mi. Pero sólo durante una noche. Lo demás lo emplearemos en mirarnos fijamente y decirnos palabras sordas, que suenen a caricias que imprimen tu nombre en cada rincón del planeta. Buscaría tu número en cualquier bolsillo de mi chaqueta, pero sé que lo perdí en una apuesta tonta para no perder mi orgullo. Me limitaré a volver a verte en cualquier pasillo del entresuelo en que te conocí. Así tal vez consiga saber tu nombre y llamarte cuando me acuerde de ti. Qué lástima, dejé mi cámara encima de la mesita de noche después de entretenerme viendo las fotos de cualquier persona que no fuese yo. Y por casualidad encontré la tuya, perdida entre otras tantas que no tenían ningún sentido. Me quedé mirándote durante lo que para mi fue una eternidad, esperando verte decirme algo. Pero no pasó nada, estaba claro. Así que hoy te escribo a ti, que no sé quién eres ni dónde estás, pero sé que algún día conseguirás decir mi nombre. Yo te invitaré a nuestro primer café.

Una pequeña queja

Me gustaría muchísimo que los señores de Blogger dejaran de marearme, que ya me he hecho con esta 3 cuentas y las otras dos, a pesar de poder acceder al blog perfectamente, cuando intento acceder como usuario resulta que el usuario no existe. A ver si nos ponemos un poco de acuerdo que me estoy cansando de perder escritos y tiempo...