
"Creé la inmensidad de un segundo en lo más insignificante de un universo entero. Crecí con el convencimiento de nada y acabé olvidándome de todo. Dije "para" pero seguí corriendo. Sólo fundé mi corazón para abrirlo, y no para cerrarlo, pero de tanto que quisieron jugar con él acabé poniéndole el cartel de "se traspasa". Ya no piensan, sólo dicen. Y así lo que consiguen es tristeza y odio, no humanidad ni raciocinio. Pensé con la razón para decir con el alma, pero perdí mi corazón en lo más profundo de un yermo de escarcha. No hay nada más feo que mirar con ojos de quien no sabe nada, para acabar sabiendo más que los que miran sin buscar nada más que palabras. Y yo, que regalo huracanes para vivir del silencio, tropiezo con un muro derruído ya de por sí por el tiempo. Nadie sabe cuál es mi destino, pero juego mis cartas hasta el fin... por si al final no estoy tan equivocado..."
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