martes, 21 de octubre de 2014

Imperativos


Desnúdame lento, para que no escueza tanto. 

Háblame de la intención de abandonarme, de la sensación de deterioro en mis palabras, de esa tempestad oculta en cada lágrima. 

Suéñame cada noche como si pasáramos juntos la eternidad y despréciame cada mañana para, de este modo, volver a la realidad. 

Senténciame con tus verdades absolutas, con tus miradas pretenciosas, con tus abusos de poder absurdos. 

Quítame la máscara que fabriqué para que nadie viera por dónde me quería escapar. 

Arráncame la razón y dame motivos para creer que Dios no existe, o que existe o ambas cosas, sólo para sentirme libre.

Publica en tus renglones mis caricias, mis despechos, mis poesías. Publica mis rencores, mis secretos, mi agonía. Publica aquellos versos que no hablan de tu vida, sin pasar por la mía, provocando ese desliz que llamamos días.

Destrózame, convénceme de todo lo que no soy, descúbreme sin miedos ni ataduras, escupe todo el miedo que tienes a que te descubra, abrázame con todo lo que tengas para olvidar tu amargura o simplemente, esconde este tesoro, que nadie lo encuentre nunca.

Critícame si crees que de tu lado el sol calienta más, si la inquietud es más sobria o por convicciones te has dejado engañar.

Átame al placer, a la negrura, al cabecero de tu cama, a tus ojos que me incitan a olvidar.

Enciérrame en tus delirios, perdidos en baile y tropiezos, acostumbrado como estoy a salir corriendo.

Cree lo que quieras, pues aquí, todo es verdad y nada es cierto si todo depende de tu bandera.

No me creas. Confía en mí.

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