Tal vez sea por vivir de la intriga. Tal vez. O tal vez sea por seguir adelante, aunque reconozco que a veces no lo sé. Tal vez sea un cajón desastre, lleno de olvidos sin rumbo y de defectos que no quiero verme. De sentirme imperfecto, de creerme bueno, de rendirme ante las mentiras para hacerme mejor. Del infortunio de tropezar y levantarme, caer de bruces y, gritando, encontrarme sin saber qué hacer.
Perdóname si escribo perdido, si dudo de mi palabra cuando el único objetivo era hacerte sentir mejor. Perdóname, tal vez, por sentirme vivo y no ser consciente del tiempo que no pude ver pasar. Perdona mis defectos, mis errores, mi ignorancia y mi debilidad, pues sé que no me llevan a ningún lado.
Será, tal vez, que mis dilemas se curan sin sangre, por medio de los ojos que aún me sonríen, aliviando las penas que tuve y que yo mismo ofrecí.
Será, tal vez, por las miradas que quise regalar, los momentos que quise secretos, las palabras que nunca dije por miedo a perder todo y que hablaban de amor.
Sé que, tal vez, mi error siempre fue hablar de mí cuando lo importante era todo menos yo. Mi error fue deleitarme con las visiones de un bohemio que, borracho de ilusiones se creyó que no iba a llorar.
Y el mar no está hecho para débiles insomnes, ni para caballeros de capa caída, ni galanes imperfectos vestidos de embriaguez. El mar, si no es molestia, está hecho para quienes, aún sabiendo sus defectos, caminan sin miedo a equivocarse ni tener razón. Para aquellos, tal vez, que disfrutan sus locuras, que conocen sus sueños y ni buscan ni molestan corazones que aplaudir.
Para mí un atrevimiento el desnudarme ante usted, que bien sabe que me muero por tener en mí aquello que tanto detesto.
Pero ¿Qué sería yo sin mis defectos?
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